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Zarpazo por Abisaí Rubio; frontera bajo la lupa: el poder que calla también responde.

 

En política, el silencio no es prudencia: es confesión diferida. Y hoy, mientras Morena insiste en negar lo evidente, la frontera norte, Tamaulipas en particular, se ha convertido en el escenario donde la desconfianza internacional afila las garras.

 

No existe una lista pública, dicen. Y es verdad. Estados Unidos no necesita listas para presionar. Le bastan expedientes, datos, rutas y omisiones. La llamada “Lista Marco” es apenas el nombre popular de un fenómeno más profundo: el hartazgo de Washington frente a gobiernos que prometen combate al crimen mientras administran la opacidad.

 

En el plano federal, el legado pesa. Andrés Manuel López Obrador, líder moral del movimiento, dejó instalada una doctrina peligrosa: negar, descalificar y proteger. Morena heredó esa lógica. Adán Augusto López, exsecretario de Gobernación, simboliza esa zona gris donde el poder político convive con señalamientos persistentes sin ofrecer explicaciones públicas. No se trata de juicios penales; se trata de responsabilidad política.

 

En Tamaulipas, la contradicción se exhibe sin maquillaje. Américo Villarreal Anaya presume avances en seguridad mientras la entidad sigue siendo territorio estratégico para el crimen organizado y punto de interés permanente para agencias estadounidenses. El problema no es la acusación; es la incapacidad para disipar dudas. Gobernar no es repetir cifras: es convencer con hechos.

 

Y en el nivel municipal, la frontera habla por sí sola. Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros y otros puntos clave operan bajo una calma oficial que no coincide con la lectura internacional. Estados Unidos no escucha discursos locales; mide flujos, detecta patrones y observa quién actúa y quién se hace a un lado. Cuando no ve acciones, responde con lo que tiene: visas, finanzas, investigaciones silenciosas.

 

Aquí está el zarpazo: la presión ya está en marcha, aunque no se anuncie. Morena puede seguir negando la existencia de listas, pero no puede borrar la percepción de tolerancia, protección o incompetencia. Cada desmentido sin sustento alimenta la sospecha. Cada silencio prolongado cobra factura.

 

Este no es un juicio penal. Es un juicio político. Y en ese terreno, la frontera es el espejo más cruel. Porque ahí, donde el país se conecta con el mundo, las omisiones se ven más grandes y pesan más.

No hay lista.

Hay lupa.

Y cuando la lupa se enciende, el poder que no explica termina exhibido.

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Abisai Rubio

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