banner_2doinforme_monterrey_900x110px.gif

Tiempo de opinar: ¿Qué dirá?

PDFImprimirCorreo

¿Qué  dirá?

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

En su última visita a Tamaulipas, los días 7 y 8 de septiembre del 2019, el Presidente Andrés Manuel López Obrador patentó su desafortunada estrategia para el combate a la delincuencia: Fuchi y Guácala.

La frase  se dispersó por el mundo y dejo a López Obrador en calidad de bufón.

Ahora se anuncia una nueva visita a Tamaulipas, para el 26 de enero, y nos preguntamos qué nueva barbaridad  va a decir. Si nos  sale con un “fuchí” y “guácala” recargado, mejor que ni  venga.

López Obrador le ha fallado a Tamaulipas y a Nuevo Laredo, en realidad a todo el país.

Si cumpliera con su promesa de reducir el IVA al 8 por ciento, o con la construcción del tren bala Nuevo-Laredo-México, o mudando la Dirección  General de Aduanas a esta frontera,  otra sería  la percepción de los neolaredenses. O al menos los neolaredenses no  fanatizados, porque ya sabemos que los fanatizados todo le aplauden y están “felices, felices con su gobierno”.

En otro tema, la  diputada del Movimiento Ciudadano, Patricia Pimentel adelantó que presentará ante el Congreso de Tamaulipas, una iniciativa de ley para que la revocación de mandato se aplique a alcaldes y diputados locales.

Dice que este recurso es necesario ya que hay funcionarios que no cumplen con su responsabilidad y el ciudadano debe tener el derecho de poder removerlos.

La revocación de mandato suena interesante, siempre y cuando se aplique en un país donde se practique la democracia y haya independencia entre los poderes, lo que no es el caso de México.

Si en el 2021 se consulta a la ciudadanía si está de acuerdo o no con que López Obrador se mantenga al frente del gobierno federal,  va a resultar que el 135 por ciento de los participantes dijeron que sí.

Una consulta para revocación,  sería una  farsa igual a las consultas populares que se han hecho por el aeropuerto de Texcoco y el tren Maya.

A los mexicanos no les queda otra alternativa que tolerar a los gobernantes, durante todo el mandato para el cual  fueron electos. Es  imposible imaginar a un político sensible a las críticas que decida de mutuo propio  renunciar porque se lo proponen sus conciudadanos.

En el pasado, el Presidente en turno ejercía su  poder omnipotente para  destituir a gobernadores, ya sea por un capricho del Presidente o por los excesos del gobernador.  Decenas de gobernadores cayeron en los últimos setenta años del siglo XX y la práctica se redujo en el siglo XXI. Esa era la única revocación aplicable. Ahora eso ya no pasa.

En el sexenio de Salinas a Ramón Aguirre no lo dejaron tomar posesión como gobernador de Guanajuato; en San Luis Potosí, a Fausto Loredo Zapata lo destituyeron a los 14 días de tomar posesión, porque piso a unas damas encopetadas que se tiraron frente a la entrada principal de Palacio de Gobierno.

Claro, Ernesto Zedillo no pudo quitar de Tabasco a Roberto Madrazo.

¡Qué tiempos!

Comentarios (0)add comment

Escribir comentario

busy