banner_2doinforme_monterrey_900x110px.gif
banner_2doinforme_monterrey_900x110px.gif
Armando Maya

Por Armando Maya Castro: Linchamientos

PDFImprimirCorreo

Escrito por Columna Jueves, 24 de Septiembre de 2020 16:54

Linchamientos

Por Armando Maya Castro

En los últimos cuatro meses se han registrado tres linchamientos en igual número de municipios que conforman la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG). De acuerdo con una nota periodística, publicada este 22 de septiembre en conocido diario tapatío, estos casos se registraron en los siguientes lugares: Lomas de Polanco (Guadalajara), Juanacatlán y Tlaquepaque.

La nota en cuestión recoge la declaración de Rogelio Barba Álvarez, experto en criminología de la UdeG, quien considera que estos casos muestran el hartazgo de los ciudadanos por la falta de castigo y las fallas en el sistema de justicia.

“Como no hay respuesta de las dependencias, es una involución que surge de la sociedad, harta por no ser escuchada por las instituciones”, señala Barba Álvarez, quien agrega que, en los casos de linchamientos, la gente aprueba y aplaude este tipo de hechos, “y con ello todos nos volvemos más criminales que los otros criminales”.

Este fenómeno es muy común en otros estados de la República Mexicana, por ejemplo, en el Estado de México, donde los ciudadanos han colocado mantas de advertencia a los amantes de lo ajeno, tales como: “Alto, delincuente” o “Te estamos vigilando: vecinos unidos”. Están también las mantas más extremas que advierten: “Ratero, si te agarramos te linchamos”.

Aparte de la entidad antes mencionada, se han registrado también eventos de esta naturaleza en los estados de Puebla, Tabasco e Hidalgo. Estas acciones ilícitas responden regularmente a una crisis de seguridad, aunque en ocasiones influyen otros factores. Lo digo por lo ocurrido el 14 de septiembre de 1968 en la localidad de San Miguel Canoa, junta auxiliar del municipio de Puebla, ubicado en las faldas del volcán de la Malinche. En ese lugar, cinco trabajadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fueron linchados por una muchedumbre armada con palos, piedras y machetes, luego de ser acusados de ateos y promotores del comunismo por el cura Enrique Meza. De las cinco personas que el párroco acusó sin fundamento alguno, sólo tres sobrevivieron.

Los linchamientos son una forma de violencia social que evidencia el alto grado de erosión de las instituciones y la ausencia de autoridad. Es por ello que la gente, sin estar capacitada ni facultada para ello, decide tomar la “justicia” en sus manos. Entrecomillo el término justicia porque no se le puede dar ese nombre a la ejecución sin proceso de un presunto criminal.

Sin embargo, la gente que ignora que la ley prohíbe que las personas se hagan justicia por propia mano, cree que el linchamiento es un acto de justicia, de ahí que el número de linchamientos vaya en aumento, y que ahora el fenómeno haga acto de presencia en estados en los que antes no se registraban este tipo de eventos.

Para lograr la disminución de estas acciones fuera de la ley, es necesario que se empiece a trabajar en el fortalecimiento de las instituciones, algo que se logrará sólo si la autoridad competente empieza a cumplir las funciones para las cuales fue investida. Urge que la gente vuelva a confiar en las autoridades e instituciones, y que el trabajo y eficiencia de los aparatos de justicia contribuyan a poner fin a la percepción de que éstos han dejado de operar.

Se requiere, además, informar a la sociedad sobre la importancia de respetar y obedecer la ley, a fin de que ésta sepa que el fin no justifica los medios. Si el gobierno y la sociedad no realizan un trabajo de calidad en esa dirección, la gente seguirá actuando al margen de las instituciones, lo que podría ocasionar el incremento del número de linchamientos en detrimento de los valores de la ciudadanía.

Twitter: @armayacastro

 

Por Armando Maya Castro: Irremplazable

PDFImprimirCorreo

Escrito por Columna Miércoles, 23 de Septiembre de 2020 08:26

Irremplazable

Por Armando Maya Castro

Hasta hace algunos años, la Iglesia numéricamente mayoritaria proclamaba el carácter vitalicio del pontífice romano, máximo representante de esa institución. Sin embargo, a partir del 28 de febrero de 2013, fecha en que Benedicto XVI renuncia voluntariamente al papado, la “vitalicialidad” del cargo en cuestión ha venido a menos en el catolicismo.

La histórica decisión del alemán Joseph Ratzinger vino acompañada de un cambio de timón y de reformas que, desde el inicio de su pontificado, emprendiera el argentino Jorge Mario Bergoglio, elegido papa con el nombre de Francisco, el 13 de marzo de 2013.

Por cambio de timón se entiende un cambio en el rumbo de las cosas, motivado, en algunos de los casos, por las situaciones que se presentan al interior de las instituciones, y que por razones de imagen y estabilidad no son convenientes para la imagen y marcha de la institución.

Los cambios de timón en las instituciones humanas, así como en las religiosas que están acostumbradas a sustituir, remplazar y cambiar a sus líderes, se realizan regularmente por presiones internas o por demandas mediáticas externas.

Con este tipo de cambios se busca salir de alguna determinada crisis, o corregir algo que está mal y que puede conducir al fracaso. Se dice entonces que soplan vientos de cambio, de reestructuración, de replantear los objetivos, etcétera.

No sucede lo mismo en la Iglesia fundada por Jesucristo, en donde la elección de Dios establece para bienestar espiritual de la Iglesia el Apostolado, un ministerio absolutamente necesario para el crecimiento, unidad y funcionalidad de la Iglesia.

De acuerdo con la doctrina que profesa y practica La Luz del Mundo, que tiene fundamento en las Sagradas Escrituras, el ministerio apostólico lo otorga directamente Dios, no los miembros de la Iglesia ni el Cuerpo Ministerial, integrado por los ministros en sus diferentes grados.

En esta Iglesia, la persona elegida por Dios para el ejercicio del Apostolado es irremplazable. Su función de gobierno espiritual es vitalicia sin salvedad alguna, y ésta se deriva de la voluntad soberana de Dios. No emana de la vía dinástica, como ocurre, por ejemplo, en la monarquía británica, donde la corona se hereda sin ningún problema de padres a hijos.

Bíblicamente el apostolado es un ministerio intransferible e intransmisible. No puede ser transmitido por ninguna vía posible o disponible, ni transferido por la persona que lo recibe, ni por su familia, ni por los fieles, ni por aquellos que tienen alguna responsabilidad de gobierno específico al interior de la comunidad. Lo otorga Dios, y cesa únicamente cuando el titular del mismo deja de existir por voluntad divina.

El apostolado no se recibe por línea sucesoria, ni por votación del pueblo o de los ministros de la Iglesia, sino por la soberana voluntad de Dios, quien elige al que Él quiere, para lo que Él quiere, y cuando Él quiere.

Debe señalarse, además, que La Luz del Mundo no está atravesando por una crisis, como aseguran sus detractores, movidos a veces por el rencor, otras por la envidia y en no pocas ocasiones por ignorar la realidad de la institución. No hay crisis en la Iglesia ni se encuentra cerca de experimentarla. Lo que sí existe es el interés de inventarle una crisis, señalando que hay obispos insatisfechos que buscan una Iglesia más institucional.

La mejor prueba de que no existe tal insatisfacción es que este domingo 20 de septiembre, los integrantes del Consejo de Obispos reiteraron su adhesión al ministerio del apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García. En el mismo acto, patentizaron también su confianza en la honorabilidad e inocencia de su máximo guía espiritual, como lo hicieron también los integrantes del Cuerpo Ministerial de Colombia, El Salvador y España, y como seguramente en breve lo harán los ministros de los demás países en que la Iglesia tiene presencia.

La realidad de La Luz del Mundo es que sus fieles y ministros trabajan como siempre y crecen como nunca, demostrando que la Iglesia no experimenta ningún tipo de crisis, ni por la pandemia del coronavirus ni por ninguna otra situación. Ninguno de ellos se distrae por los dichos de quienes aseguran, sin poder probarlo, que en la comunidad existe una “familia real” cuyos integrantes reciben títulos de nobleza, los cuales están prohibidos por el artículo 12 constitucional, un ordenamiento jurídico que la Iglesia respeta, como respeta también las demás normas de nuestra Carta Magna.

Twitter: @armayacastro

 
 

Por Armando Maya Castro: La Patria es primero

PDFImprimirCorreo

Escrito por Columna Viernes, 18 de Septiembre de 2020 08:47

La Patria es primero

Por Armando Maya Castro

Hablemos de Vicente Ramón Guerrero Saldaña, el hombre que nació en Tixtla, Guerrero el 9 de agosto de 1782, el caudillo insurgente que conocemos en la historia de México con el nombre de Vicente Guerrero, quien militó en el Ejército Insurgente bajo las órdenes de José María Morelos y Pavón, el llamado Siervo de la Nación.

Guerrero fue uno de los jefes de la insurgencia que sobrevivió a la guerra por la Independencia de México, y logró ver cumplido, en parte, el ideal de personajes como Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama, Josefa Ortiz de Domínguez, José María Morelos y Pavón, Mariano Matamoros, Guadalupe Victoria, entre muchos otros.

A este prócer de la patria le tocó presenciar en septiembre de 1821 la consumación de la Independencia de México, una gesta que inició Hidalgo con su memorable grito de libertad, emitido en la población de Dolores, Guanajuato (hoy Dolores Hidalgo), la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

A continuación, el origen del apotegma de Guerrero: “La patria es primero”:

“Compañeros, ¿veis a este anciano respetable? Es mi padre; viene a ofrecerme empleos y recompensas en nombre de los españoles. Yo he respetado siempre a mi padre, pero mi patria es primero”.

Estas palabras cargadas de indiscutible patriotismo las expresó Guerrero a los hombres que junto con él luchaban por la independencia de México en el sur del país. Lo hizo frente a Pedro Guerrero, su padre, quien suplicante le confinaba a rendirse, abandonar las armas y acogerse al indulto que le ofrecía el Virrey Juan Ruiz de Apodaca.

Para un patriota con las convicciones de Guerrero, la patria estuvo siempre por encima de otros intereses y del afecto que le tenía a sus padres y demás seres queridos.

La frase en referencia ha pasado a la historia porque se produce en un contexto en que todo parecía contrario para la causa insurgente, y en el que cualquier otra persona sin los principios de Guerrero hubiera aceptado presto y gustoso el ofrecimiento que a través de su padre le hacía la corona española.

El prócer de la patria demostró en este episodio de su vida, y en muchos otros más, el patriotismo que le caracterizó a lo largo de su lucha en favor de la emancipación de México, una gesta que los mexicanos celebramos con orgullo patrio en el llamado mes de la patria.

Lamentablemente en todos los tiempos ha habido gente que no sabe valorar a los hombres que dan todo por la patria, gente que denigra y calumnia en nombre de sus intereses y aspiraciones, como lo hizo en aquel tiempo el General de División Anastasio Bustamante, quien en el mes de enero de 1830 traicionó y despojó a Vicente Guerrero de la presidencia.

El 14 de febrero de 1831, Vicente Guerrero fue fusilado tras haber sido apresado en el convento de Cuilapam, Oaxaca, acusado injustamente de rebelión y usurpación, sin que los interesados en su muerte le dieran oportunidad de defenderse.

La expresión de Guerrero, así como sus virtudes cívicas se han convertido en un ejemplo de lo que en nuestro ámbito de acción podemos y debemos hacer por amor de México, colocando cívicamente el interés nacional por encima de intereses personales, de partidos y de grupos. Tengamos presente que hoy como ayer la patria es primero.

Twitter: @armayacastro

 
 

Por Armando Maya Castro: ¿Patriotas Ó Patrioteros?

PDFImprimirCorreo

Escrito por Columna Miércoles, 16 de Septiembre de 2020 14:10

¿Patriotas Ó Patrioteros?

Por Armando Maya Castro

“Trabaja con gusto, y acabarás sintiendo gusto por el trabajo”. Este refrán popular encierra una gran verdad, y puede lograrse poniendo en práctica la enseñanza que el apóstol Pablo impartiera en su tiempo a los fieles de Corinto: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Corintios 16:14).

La llegada de la pandemia del coronavirus, que sigue presente en todos los países del mundo, incluso en aquellos que realizan esfuerzos para volver a la nueva normalidad, ocasionó la pérdida de más de un millón de empleos formales en nuestro querido México.

En Jalisco, que es el estado donde actualmente radico, el COVID-19 ocasionó la pérdida de 95,331 empleos formales, una situación a la que el gobierno del estado ha respondido con “resultados positivos que marcan el comienzo de un buen ritmo para continuar con la reactivación económica en la entidad”, señala una nota periodística.

La situación en materia de empleos es difícil en todos los estados de la República mexicana, a pesar de los esfuerzos que realizan la administración federal y cada uno de los gobiernos estatales. Por ello, si usted figura entre las personas que cuentan con un trabajo en tiempos de pandemia, debe sentirse afortunado y agradecido.

Sentirse así es bueno, pero insuficiente. En mi opinión lo que importa es ir más allá de la gratitud y del sentirse privilegiado por tener un empleo en las dramáticas circunstancias en que nos ha colocado el Covid-19, el virus que paralizó prácticamente toda la actividad económica y puso a prueba a la sociedad mexicana, así como a las sociedades de los demás países del mundo.

Se trata de aprender a valorar el trabajo que aún tenemos, dando lo mejor de nosotros en el desempeño de nuestras actividades cotidianas. Hay que amar el trabajo que tenemos y hacerlo de la mejor manera, a fin de que con nuestro rendimiento y productividad podamos contribuir solidariamente a la generación de los empleos que muchos de nuestros compatriotas necesitan.

México tiene necesidad de patriotas que sepan amarlo como el gran país que es. Necesita ciudadanos que se esfuercen diariamente en sus centros laborales para lograr la construcción de una mejor nación y la mejora de sus entornos.

Nuestro país no necesita patrioteros cuyo supuesto amor patrio aparece sólo en septiembre, el llamado mes de la patria, en el que miles de mexicanos que no han procurado el bien de México colocan banderitas en los balcones de sus casas y autos, al tiempo de portar sus sombreros y rebozos, trompetas y matracas para celebrar, como si fueran auténticos patriotas, la independencia de México.

El ¡Viva México! que muchos de ellos emiten la noche del 15 de septiembre no tiene congruencia con su falta de solidaridad y con su deficiente desempeño laboral en el transcurso del año, un proceder que resulta decepcionante para los jefes y demás compañeros de trabajo, y que coloca a tales personas en peligro de perder su empleo, lo que en el actual contexto de desempleo sería verdaderamente lamentable.

Es obligado aclarar que no estoy en contra de dichas manifestaciones ni de las celebraciones patrias, sino de la actitud patriotera de miles de personas que dicen amar a México, pero que no son capaces de demostrarlo con acciones en su día a día.

El verdadero patriotismo implica transparencia, dedicación y honestidad en el trabajo diario, tanto en la presencia de los jefes como en la ausencia de éstos. Implica también el puntual cumplimiento de nuestros deberes ciudadanos y el respeto a las instituciones y autoridades de gobierno, así como la observancia de nuestras leyes como una forma de contribuir al bienestar de los demás mexicanos.

Concluyo compartiendo con ustedes el párrafo de un artículo publicado en el portal del Gobierno de México bajo el siguiente título: “En el mes de septiembre, hablemos de Patriotismo”:

“El patriotismo se manifiesta por los valores claros y bien fundamentados, que desarrollamos al transmitir como ciudadanos conscientes, el buen trabajo, conducta correcta, buenos modales, respeto a las normas y costumbres, demostrando tener siempre una actitud recta y transparente en los diferentes aspectos que se contemplan dentro de una sociedad”.

Estará de acuerdo conmigo, estimado lector, en que esto último es totalmente diferente al patrioterismo, que consiste en alardear excesiva e inoportunamente de patriotismo.

Twitter: @armayacastro

 
 

Por Armando Maya Castro: El Príncipe

PDFImprimirCorreo

Escrito por Columna Lunes, 14 de Septiembre de 2020 13:30

El Príncipe

Por Armando Maya Castro

¿Quién no ha leído alguna vez El príncipe de Nicolás Maquiavelo, filósofo, consejero político y escritor italiano?

Esta obra, que es todo un tratado de doctrina política, fue escrita en 1513, mientras su autor se hallaba confinado en San Casciano, acusado de haber conspirado en contra de los Medici, la influyente familia renacentista entre cuyos miembros se cuentan cuatro pontífices romanos, entre ellos Rodrigo Borgia (papa Alejandro VI), contemporáneo de Maquiavelo.

El libro, publicado póstumamente en 1531, plantea principalmente cuestiones de estrategia política, así como la forma en que el gobernante debe enfrentar las diferentes situaciones que se le presentan en el ejercicio del poder.

El príncipe ha sido considerado libro de cabecera de las personas dedicadas a la política, pero también ha sido objeto de diversos juicios desde que se escribió a la fecha. Uno de los juicios que más llama mi atención es la inclusión de la obra de Maquiavelo en el Index Librorum Prohibitorum de 1559.

Me refiero evidentemente al Índice de Libros Prohibidos por el llamado Santo Oficio de la Inquisición, es decir la lista de libros que la Iglesia romana consideraba perniciosos para la fe y la moral. Los católicos de aquellos tiempos tenían terminantemente prohibido leer cualquiera de los libros contenidos en el Index.

Martín Careaga, en su libro La “santa” inquisición expone que la curia romana se organizó para atacar la Reforma protestante que inició Martín Lutero en Alemania en el siglo XVI. Añade dicho autor que la contraofensiva papal se llevó a cabo con tres nuevos elementos, además de la inquisición: “los jesuitas, el Índice de Libros Prohibidos, y el Concilio de Trento”.

El príncipe de Maquiavelo se prohibió seguramente porque en una de sus partes declaró a la Iglesia católica y al papado como la causa fundamental de los males de Italia, así como el principal obstáculo para la recuperación de los mismos. Lo cierto es que Maquiavelo critica a la Iglesia romana en otras dos obras de su autoría: Historia de Florencia y Discursos. En la primera, por ejemplo, afirma que la dedicación de la Iglesia católica a la política “ha tenido como nefasta consecuencia la pérdida de la fe”.

Más allá de lo que haya dicho o hecho la Iglesia católica contra las obras literarias de Maquiavelo, lo cierto es que el contenido de sus libros contribuye a entender el contexto en que fueron escritas las obras de este gran pensador del Renacimiento. Recordemos la importancia de la frase: "un texto sin un contexto es un pretexto".

Y ya que hablamos de frases, no está por demás recordar que a Nicolás Maquiavelo se atribuye la conocida frase “el fin justifica los medios”, para significar que cuando el objetivo final vale la pena, cualquier medio para lograrlo es válido. La expresión, aunque no es suya -según afirman diversas voces-, “resume el núcleo central de su ideario político”.

En lo personal no estoy de acuerdo con la frase en cuestión, como tampoco con el pensamiento político de Maquiavelo en su totalidad. Aunque difiero de algunos de los consejos dados a los gobernantes de su tiempo, no por ello dejo de reconocer el significativo aporte del libro a la concepción actual de la política. Mucho menos tendría la osadía de calificar El príncipe como una obra perniciosa, o como un peligro para la fe y las buenas costumbres.

Twitter: @armayacastro

 
 

JPAGE_CURRENT_OF_TOTAL