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Armando Maya

Tiempo de opinar: Sin miedo al Covid

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Escrito por Columna Viernes, 03 de Julio de 2020 14:29

Sin miedo al Covid

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

Hay más  2,500 casos de Covid-19 en los dos Laredos –1,773 en Laredo y 752 en Nuevo Laredo- y pese a ello los puentes internacionales hoy estuvieron saturados, en ambos sentidos, pero en especial con destino a México.

La pandemia les vale a muchos. Siguen pensando que la enfermedad les puede dar a otros, pero no a ellos. Si el destino los alcanza, ya habrá tiempo para llorar lágrimas de sangre.

En  medio de la saturación, la Coepris instaló filtros sanitarios  y regreso al vecino país a decenas de vehículos  porque los conductores no traían cubrebocas,  viajaban más de cuatro pasajeros,  había niños, traían placas con número no autorizado para circular o no era un  viaje esencial.

Se regreso a gente  que dijo  venir a visitar a un  familiar, que venía a surtir la despensa o incluso a quienes  anunciaron que su destino era el interior del país.

Estuvo duro el filtro.

Y mañana, hay nuevas medidas preventivas, como el cierre de supermercados y tiendas de conveniencia,  restricciones en el transporte y un toque de queda de 22.00 a 5.00 horas. La idea es que la gente se quede en su casa.

Mientras tanto, desde su confinamiento, el Gobernador Francisco García Cabeza de Vaca está al tanto de la gobernabilidad y ha ofrecido entrevistas sobre las acciones para enfrentar el Covid.

Desde Nuevo Laredo el alcalde Enrique Rivas y el diputado Félix Fernando García, le enviaron un abrazo y le desearon pronta recuperación.

En otro tema, se acaba de dar a conocer una grabación en la que la madre del Mochoco ofrece dinero a personal del juzgado donde se instruyó el expediente en contra de su hijo  –no se dice cuánto— a cambio de su libertad.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó dar a  conocer la grabación, presuntamente autorizada por un juez, y adelantó que aunque eso puede entorpecer el proceso, vale la pena para que todos sepan cómo se negocia la justicia. El poder judicial ya investiga a la jueza y al personal de juzgado para deslindar responsabilidades.

Pues bien, hace menos de un mes, el Presidente confesó que el ordenó liberar a Ovidio Guzmán. Y nadie, ni el Poder Judicial, ni el Legislativo, lo llamo a cuentas. En otro país,  ya estaría siendo juzgado. Y en un país donde predomina el sospechosísimo, nadie se cree que haya liberado a Guzmán  a  cambio de nada. Pero como el que ordenó la liberación es el Presidente, y no un juez, quieren que creamos que actúo por el bien de la patria. En cambio la jueza liberó al Mochomo por transa.

Por eso hace en 1938, André Bretón dijo que México es el país más surrealista.

Imposible entender a un Presidente que se queja de que es el más criticado en la  historia del país y en cambio él lleva décadas insultando a los ex presidentes, a Vicente Fox lo llamó chachalaca, a Calderón el “comandante Borolas”, a Salinas la “mafia del poder”, a Peña  le dedicó infinidad de adjetivos. Invento lo de fifís, conservadurismo, moralmente derrotados y mil sandeces más.

 

Por Armando Maya Castro: Girolamo Savonarola

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Escrito por Columna Jueves, 02 de Julio de 2020 15:48

Girolamo Savonarola

Por Armando Maya Castro

Mi pretensión no es hacer una breve reseña biográfica del monje Girolamo Savonarola, sino presentar el desenlace de una fatídica historia que tuvo lugar en la época del Renacimiento, la cual comienza al término de la Edad Media, el periodo más sombrío en la historia del catolicismo, en donde el papado –una institución no bíblica– experimentó la mayor crisis moral y doctrinal de todos los tiempos.

El medievo dio a luz las sangrientas cruzadas contra los pueblos musulmanes y la temible inquisición, “una máquina de crímenes y asesinatos que operó por un período de 676 años”, apunta el escritor Luis Muñoz.

La inquisición y las llamadas guerras santas fueron herramientas anticristianas que el papado utilizó para recuperar los llamados “lugares santos” en poder de los turcos seléucidas, y para evitar, mediante la tortura y el miedo al castigo inquisitorial, la multiplicación de lo que la Iglesia romana denominaba “herejía” en aquel tiempo, lo que representaba una amenaza de fuga de miles de fieles de la Iglesia romana.

Con la llegada del Renacimiento las cosas en el seno del catolicismo siguieron igual por mucho tiempo. En ese sombrío periodo, Alejandro VI (cuyo nombre era Rodrigo Borgia) declaró a fray Girolamo Savonarola hereje, cismático y rebelde a la sede papal. Este religioso florentino había exhibido públicamente al papado desde el pontificado de Inocencio VIII, “en cuya existencia la única cosa inocente fue su propio nombre”, decía Savonarola.

Girolamo nació el 21 de septiembre de 1452 en Ferrara, Italia; ingresó al convento de San Marcos en Florencia en 1482, donde llegó a ser prior desde 1491. Fue en ese monasterio donde Savonarola “emprendió sus vehementes sermones contra la familia Médicis y las costumbres corruptas de la ciudad”. A causa de la vida inmoral de la sociedad de su tiempo, organizó el 7 de febrero de 1497 la “hoguera de las vanidades”, invitando a los florentinos a arrojar a la misma sus objetos de lujo: espejos, maquillajes, vestidos refinados, libros licenciosos e instrumentos musicales.

Su condena por parte del pontífice romano se ejecutó por “desobediencia a Roma, desobediencia al papa y apropiación indebida de profeta” (El País, 08/10/1983). Así interpretaron los máximos jerarcas del catolicismo el proceder de Savonarola contra los Borgia y sus amigos, a quienes acusó en más de una ocasión de ser pecadores, incestuosos y mentirosos.

El pecado del dominico consistió en predicar enérgica y decididamente contra la tiranía y despotismo de los Médicis de Florencia, Italia, una poderosa e influyente familia de aquellos tiempos, entre cuyos miembros se cuentan los siguientes papas: León X, Clemente VII, Pío IV y León XI.

Savonarola evidenciaba en sus prédicas no sólo los vicios clericales, sino también la opulencia, impudicia y desenfreno que prevalecía en las cortes, así como en la desenfrenada sociedad florentina.

Su ánimo y determinación de predicar y denunciar era tal que, a pesar de los intentos que se realizaron para amordazarle, llegó a decir en cierta ocasión: “si el papa me prohíbe predicar, yo seguiré predicando”.

Savonarola, que pasó a la historia por sus valientes prédicas en la Catedral de Santa María di Fiore contra los excesos de los poderes establecidos, fue condenado por un tribunal de la inquisición, ahorcado el 23 de mayo de 1498, y quemado su cadáver en la plaza de la Signoria.

Este predicador hizo la siguiente comparación de los clérigos de su tiempo con los ministros de la Iglesia primitiva: “Ciertamente, los primeros prelados no tenían tantas mitras, ni tantos cálices de oro; y se desprendían de lo que tenían para ayudar a las necesidades de los pobres. Nuestros prelados obtienen sus cálices quitando a los pobres aquello que es su sostén. ¡En la Iglesia primitiva había cálices de madera y prelados de oro, pero ahora tiene la Iglesia cálices de oro y prelados de madera!”

El cotejo que hizo Savonarola lo pone a nuestro alcance el italiano Guillermo Dellhora, autor del libro La Iglesia Católica ante la Crítica en el Pensamiento y en el Arte, editada bajo los auspicios de la presidencia de la República en los tiempos de Plutarco Elías Calles, en cuyo mandato se agravó el conflicto existente entre el Estado y la Iglesia católica, que derivó en la sangrienta Guerra Cristera en varios estados de la República Mexicana.

De un tiempo a la fecha, algunos sectores de la Iglesia católica hablan de la posibilidad de beatificar a Girolamo Savonarola. Los promoventes de la beatificación del monje italiano son dominicos que afirman que "Savonarola fue un hombre íntegro. Era severo, pero en su época, en la que reinaba el neopaganismo, bastaba pedir la fidelidad al Evangelio para ser tenido como censor severo" (El País, 24/04/1996).

"Sería muy hermoso si […] se reconociesen el martirio y la santidad de Savonarola", señaló en 1996 el cardenal Silvano Piovanelli, arzobispo de Florencia.

Twitter: @armayacastro

 
 

Por Armando Maya Castro: Nada es Para Siempre

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Escrito por Columna Lunes, 29 de Junio de 2020 15:38

Nada es Para Siempre

Por Armando Maya Castro

“A menudo en los más oscuros cielos es donde vemos las estrellas más brillantes”. La frase del historiador y profesor británico Richard Evans nos ayuda a entender que en la adversidad no todo es oscuridad, y que muchos de los infortunios vienen acompañados de cosas buenas. Lo importante es tener la capacidad de verlas y mantener encendida la esperanza, lo que nos ayuda a proseguir en vez de paralizarnos y sucumbir ante los embates de la adversidad.

Los serios problemas derivados de la pandemia por el coronavirus afectan al mundo entero en diferentes maneras. En el aspecto psicológico, el virus ha impactado negativamente a un sin número de personas por el prolongado confinamiento; por la situación crítica que prevalece en los hospitales, que impide visitar a quienes han requerido hospitalización; por la imposibilidad de velar a los fallecidos; y por los problemas económicos y de desempleo que la paralización económica ha traído consigo.

Aparte del elevado número de contagiados y fallecidos por el Covid-19 (más de 10 millones de contagios en el mundo), enfrentamos también un fuerte impacto psicológico, tal como lo advirtió el pasado 26 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS), que aconsejó atender la situación con “medidas imaginativas”.

Hans Kluge, jefe de prensa de este organismo, habló en esa ocasión de los problemas psicológicos que el coronavirus está ocasionando, así como de los desafíos que afectan a los seres humanos en medio de la contingencia sanitaria: aislamiento, distanciamiento físico, cierre de escuelas y centros laborales, medidas que, al extenderse más de lo imaginado, provocan en los seres humanos estrés, ansiedad, miedo y soledad.

Para salir bien librados de esta situación, es importante adoptar una actitud correcta frente a la adversidad, aprender a desenvolvernos en medio de ella, y pensar que nada es para siempre.

Si respondemos a la problemática de manera distinta, corremos el riesgo de que se apodere de nosotros el desaliento y la desesperanza, sentimientos que pueden producir depresión, ansiedad y estrés. Para nadie es un secreto que este tipo de trastornos emocionales pueden ser en algunos casos leves, pero en otros muy graves.

Preocupan las notas periodísticas que señalan que algunos de los suicidios ocurridos en varias regiones del mundo en los últimos tres meses se deben al desempleo y a los problemas económicos provocados por la falta de ingresos por concepto de ganancia, comisión, sueldo, salario, jornal, propina, etcétera. Algunas personas, al perder su trabajo, se sumergen en un estado de honda preocupación, pensando de manera permanente en las cosas malas que, como consecuencia de la situación, pueden sobrevenir en agravio suyo y de su familia.

Por el significativo deterioro psicológico que produce en las personas los problemas derivados de la crisis sanitaria, las autoridades de gobierno están obligadas a prestar mayor atención a los problemas de salud mental de la población, principalmente de los más afectados por la difícil situación actual.

Pero no se trata de dejarle todo el trabajo a las autoridades civiles y sanitarias. Usted y yo tenemos que hacer la parte que nos corresponde, teniendo presente que, en cualquier situación de adversidad, por grave y prolongada que sea, lo único que puede salvarnos es la esperanza. Sin ella se extingue el ánimo y se produce una rendición fácil ante los problemas de la vida, sin presentar batalla en las horas más oscuras.

México tiene una larga historia, y a través de ella hemos sido testigos de la forma valiente en que nuestro pueblo ha salido triunfante de cada crisis social o económica que se ha presentado. Lo más importante de todo es que hemos superado esos tiempos difíciles dejando de manifiesto la unidad, la solidaridad y el humanismo de nuestra gente.

La movilización de la sociedad civil en la década de los años ochenta, a fuerza de unidad y solidaridad, puso de pie a México luego del terremoto del 19 de septiembre de 1985, el más catastrófico e intenso en la historia del siglo XX (8.1 grados en la escala de Richter).

La espontanea organización y solidaridad de los mexicanos –ante una respuesta gubernamental insuficiente– hizo maravillas en aquel suceso fatídico que destruyó parcialmente la Ciudad de México. El movimiento telúrico devastó la zona centro de la capital de la República y dejó a su paso miles de muertos, heridos, desaparecidos y damnificados. Destruyó cientos de edificios, pero no la unidad del pueblo de México, una virtud que le permitió levantarse de sus cenizas como el Ave Fénix.

Estoy totalmente convencido de que lo mismo sucederá al término de la presente crisis sanitaria, muy a pesar del desgaste que produce la confrontación política del momento, la cual es necesario dejar atrás por bien de México.

Twitter: @armayacastro

 
 

Por Armando Maya Castro: Tentar a Dios

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Escrito por Columna Jueves, 25 de Junio de 2020 08:10

Tentar a Dios

Por Armando Maya Castro

En Mateo 4:11 aparece un relato pormenorizado sobre la forma en que Jesús de Nazaret fue tentado por Satanás en el desierto, un sitio hostil e inhóspito, donde el tentador trató de demostrarle a Dios que su Hijo no era el hombre fiel que su voz había descrito cuando fue bautizado por Juan en las aguas del río Jordán.

Recordamos que, en aquella ocasión, justo en el momento en que el Espíritu Santo descendía sobre el Señor Jesús en forma corporal como de paloma, el Padre de gloria testificó: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento”.

A lo largo de aquella tentación, Satanás procuró de diferentes maneras que Dios dudara de la fidelidad de su Hijo, algo que era prácticamente imposible, pues Dios lo conocía perfectamente bien. Las siguientes palabras de Cristo lo confirman: “nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre…” (Lucas 10:22).

El modus operandi del maligno ha sido siempre el mismo: procurar que Dios y los hombres duden de la fidelidad e integridad de sus enviados. En el caso del justo Job, Satanás trató de convencer a Dios de que la justicia de este hombre no era auténtica, sino egoísta, producto de los privilegios y buen trato que Dios le daba a él y a su familia.

Al final de la prueba, y a pesar de las fallidas intrigas de Satanás, Dios siguió considerando a Job como un hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Falló el diablo con Job, como ha fallado en todos y cada uno de sus intentos de denigrar la verticalidad de los enviados de Dios.

Vuelvo al caso de Cristo en el desierto, para destacar su ejemplar fidelidad en los tres intentos de Satanás para desviarlo de su fidelidad al Padre y hacerle caer en tentación. Cristo demostró una y otra vez que su Padre no estaba equivocado en el testimonio que sobre Él había dado en el río Jordán.

Las circunstancias eran críticas y el entorno complicado, pero aun así triunfó sobre su adversario, demostrando en la fase más aguda de un ayuno que se prolongó cuarenta días y cuarenta noches, que sí es posible vencer en medio de la adversidad.

Me referiré enseguida a un momento específico de la tentación, cuando Jesús fue llevado a la parte más alta del templo de Jerusalén, donde el tentador le pidió arrojarse al vacío, recordándole una promesa que había hecho Dios respecto a él: “Él ordenará a sus ángeles que te protejan. Y te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”.

La sabia respuesta de Cristo fue esta: “También está escrito: no tentarás al Señor tú Dios” (Mateo 4:6). De esta manera desarmó a Satanás, y su respuesta se convirtió en una enseñanza que ha pasado a la posteridad.

Tentamos a Dios cuando pensamos que, por las promesas de protección que Dios nos ha hecho, nada malo puede ocurrirnos si desafiamos los peligros. Y no es que consideremos una farsa lo que David enseña cuando escribe: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Salmos 34:7). Esta promesa es verdadera, pero también lo es la advertencia de Cristo en el sentido de no tentar a Dios.

El 5 de junio de 2006, el diario 20 Minutos publicó una nota que consigna la muerte de una persona que, al grito de “Dios me salvará”, entró a la jaula de un león que lo derribó y le cortó la arteria carótida”. Este acto, que tuvo verificativo en un zoológico de Ucrania, no era un acto de confianza en Dios, sino una forma irreflexiva de tentar a Dios.

Muchas de las cosas que para el hombre son manifestaciones de fe genuina, no son sino acciones irresponsables e imprudentes, a través de las cuales tentamos a Dios. Salir a la calle sin cubrebocas y sin guardar la sana distancia, creyendo que Dios nos protegerá del coronavirus porque confiamos en Él, es tentar a Dios, nunca un acto de fe.

Respecto a la forma en que Cristo evitó tentar a Dios ante el insistente acoso de Satanás, el pasado 9 de junio el apóstol Naasón Joaquín García escribió a los fieles de La Luz del Mundo: “¡Jesús no era imprudente! Jesús era un hombre responsable, cuidadoso de sus actos; sabía que tentar a Dios era ofender su majestad, era decepcionarlo por su capacidad, era contrariar su voluntad”.

Esta reflexión apostólica la empleó para hacer el siguiente exhorto a la Iglesia en el contexto del Covid-19: “Es necesario que sepamos que exponernos al peligro, confiados en la ayuda de los ángeles y la protección divina, es pretender un milagro innecesario que Dios no nos ha prometido. ¡Es tentar a Dios!”, expuso.

Twitter: @armayacastro

 
 

Por Armando Maya Castro: La importancia de las instituciones

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Escrito por Columna Lunes, 22 de Junio de 2020 14:19

La importancia de las instituciones

Por Armando Maya Castro

A través de los tiempos, los pueblos del mundo han anhelado tener instituciones que combatan la discriminación en cualquiera de sus formas, un mal tan antiguo como el tiempo, y del que a estas alturas ya no tendríamos que estar hablando, pero tenemos que hacerlo porque aún hay personas y grupos que, con una visión distorsionada, discriminan por el color de la piel, el sexo, la edad, la cultura, la ideología, la religión, etcétera.

No me refiero únicamente al caso de México, sino a lo que ha sucedido en materia de discriminación en todo el mundo y desde los tiempos más remotos. Estados Unidos, que se precia de ser una nación de leyes y la mejor democracia del mundo, tiene miles de ciudadanos que discriminan a las personas por su procedencia o el color de su piel. La reciente muerte del afroestadounidense George Floyd, provocada durante su detención por parte del expolicía Derek Chauvin, es empleada por muchos como prueba del racismo recalcitrante que en la Unión Americana prevalece.

Admitámoslo, el racismo no es privativo de un tiempo ni de una nación específica, aunque es verdad que en algunas naciones ha alcanzado niveles sin precedentes. Tal es el caso de la Alemania nazi, donde la discriminación racial significó el exterminio de seis millones de judíos, así como la creación de leyes racistas que excluían a los judíos de prácticamente todas las actividades mercantiles.

No había en ese país instituciones a las cuales acudir cuando se producían atropellos en agravio de los judíos. Magistratura y fiscalía se dedicaban a aplicar de manera vergonzosa la intolerante ideología nazi. Los abogados defensores, en lugar de realizar funciones de defensa jurídica a favor de sus clientes, terminaban fungiendo como agentes del Estado nazi. En definitiva, no había a dónde ir ni a quién acudir.

Este indeseable fenómeno hizo acto de presencia en la Italia fascista de Benito Mussolini, donde racismo y discriminación eran el pan nuestro de cada día. La discriminación del Duce –apelativo propagandístico con el cual Mussolini se dio a conocer en la vida política de Italia– fue en agravio también de algunas minorías religiosas. Hacourt Frédéric, autor del libro El Vaticano por Dentro, nos dice que el dictador prohibió “la distribución y venta de biblias protestantes, lo mismo que las reuniones de evangélicos en recintos cerrados y abiertos”.

El totalitarismo de Mussolini se reduce a la frase: "todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada en contra del Estado". En agosto de 2018, Elías Cohen escribió así del totalitarismo: “convierte a los ciudadanos en súbditos, a los vecinos en enemigos, a la discrepancia en crimen y a la diferencia en condena”. A estas líneas habría que agregar lo que sobre el tema nos dice la escritora Anne Applebaum: “En un Estado totalitario no hay escuelas independientes, negocios privados, organizaciones de base ni pensamiento crítico”.

El escritor Peter de Rosa sintetiza la discriminación contra los judíos en esas dos naciones mediante el siguiente apunte: “De forma sistemática, en toda Italia y en el Reich, los judíos eran víctimas de atropellos y, en muchos casos, ejecutados”. El problema entonces era que las víctimas del nazismo y del fascismo vivían en un estado de completa indefensión, sin instituciones que pudieran salir en defensa de ellas.

Sudáfrica y su abominable política de apartheid es otro ejemplo de racismo que no debe repetirse en ninguna nación del mundo. La voz de Nelson Mandela, encarcelado por casi tres décadas, fue una de las pocas voces que se alzaba buscando poner fin al régimen autoritario y racista que dominaba en esa nación del África austral.

Hoy, gracias a la existencia de organismos que trabajan en la promoción y defensa de los derechos humanos, las cosas son distintas para quienes son discriminados. En el plano internacional contamos con instituciones serias y de reconocida trayectoria, como son Amnistía Internacional, Defensor del Pueblo, Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Human Rights Watch, entre otras.

En México tenemos a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), presidido hasta hace unos días por Mónica Maccise, quien renunció al cargo luego de las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, sugiriendo la desaparición del organismo.

La necesidad de contar con una institución como el Conapred es del conocimiento de quienes en algún momento de su vida han sido discriminados por diversas causas. Juan Pablo Becerra-Acosta nos proporciona información sobre el quehacer del Conapred: “atiende un promedio de 2.4 quejas por día y establece un promedio de 18 medidas cautelares por mes”.

Por ello algunas voces, entre ellas la del periodista antes mencionado, recomiendan que el Conapred no sea extinguido sino fortalecido.

Twitter: @armayacastro

 
 

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