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El ungido Trump recibe el maná petrolero de Texas

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NUEVO LAREDO, Tamaulipas a 23 de Noviembre del 2016 por Agencia de Noticias (Cortesia).-Donald Trump llega con un pan debajo del brazo. Los geólogos estadounidenses informan que la formación Permian, muy rica en crudo, situada en el oeste de Texas, tiene una reserva que supera en 20.000 millones de barriles y 16 billones de pies cúblicos de gas las previsiones anteriores. El yacimiento expandido (situado en Wolfcamp) está valorado al precio actual en 900.000 millones de dólares y tiene capacidad suficiente para abastecer el consumo del país durante tres años. En términos técnicos, se trata de una revalorización (reassessment) de las reservas de Permian; este nuevo cálculo es posible porque ha mejorado la tecnología de extracción y porque los nuevos sondeos permiten conocer mejor la extensión del yacimiento.

Esta revalorización gigantesca convierte la rosa amarilla de Texas en una flor alquitranada. Tiene consecuencias energéticas y políticas que van más allá del mero apuntamiento en libros de nuevas producción potencial. Significa, de entrada, que probablemente hay reservas de petróleo en el mundo para los próximos 150 años o más, porque las formaciones geológicas en Oriente Medio son similares a las de Permian y porque la nueva tecnología permitirá extraer crudo en condiciones más difíciles. El agotamiento de los combustibles fósiles, fijado pertinazmente en un plazo de 50 años según las previsiones cambiantes de precios, sigue siendo una idea cierta a un plazo indefinido, pero cada vez más lejano; debería reconsiderarse al menos, con independencia de la prioridad indiscutible de las renovables (si pueden pagarse). Permite además aumentar el margen de maniobra de Washington en política energética; el techo potencial de producción aumenta desde unos 5 millones de barriles diarios a casi 8 millones (advertencia: estas predicciones dependen del nivel de preccios en el mercado).

Es más asombroso el efecto teológico-político que puede causar el maná texano. El predicador Donald reafirmará sin duda su convicción de que es un elegido o predestinado de Dios, como Calvino nos enseñó y Weber nos interpretó. Wolfcamp confirma el destino manifiesto del nuevo presidente: autorizar el oleoducto Keystone XL y eliminar, mediante órdenes ejecutivas, las regulaciones impuestas a las petroleras. Además, si lo desea, puede crear su propia OPEP con su asociado Putin y meter en cintura a saudíes, iraníes y venezolanos. Todo el universo conspira para que el ungido Trump cumpla con la misión que se ha impuesto.

De momento, el precio del petróleo va retrasado sobre los niveles previstos. De los 60 dólares por barril que marcaban los optimisstas para finales de este año, estamos en 47,5 dólares. Todas las esperanzas (de alza) están puestas en la reunión de la OPEP del 30 de noviembre. Las diefrencias irreconciliables entre Arabia Saudí y Teherán (¿o es incompatibilidad de caracteres?) permiten inferir que no habrá acuerdo. Y los dones de la naturaleza a Trump tampoco ayudan.

 

 

 

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