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SANTA CENA, DONDE LA DISTANCIA NO EXISTE

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Por Armando Maya Castro

El servicio de adoración de la Santa Cena comenzó a las 15:00 horas de ayer, 14 de agosto. Las tres sedes de la festividad estaban literalmente abarrotadas de gente procedente de 58 naciones del mundo. Todos los espacios estaban totalmente llenos, y la multitud ataviada de blanco exhibía un orden ejemplar, que despertó la admiración de miles de visitantes, a pesar de que en el lugar no cabía ni un alfiler.

La Santa Cena 2019 rompió todos los récords históricos de asistencia: más de 600 mil delegados, distribuidos en la celebración de la siguiente manera: 340 mil en Hermosa Provincia; 235 mil en Bethel; y 35 mil en Maestro Aarón Joaquín. Con tanta gente que atender, la Iglesia La Luz del Mundo echó mano de 3 mil 500 ministros para la repartición de más de seiscientas mil piezas de pan y 24 mil litros de vino nuevo.

Debido a la muchedumbre presente en el evento, fue necesario añadir 48 diáconos para el servicio de la Mesa del Señor, hombres de diferentes edades que fueron recomendados para dicho ministerio por varios pastores distritales, pero aprobados y ungidos por la autoridad apostólica.

Los récords en la fiesta más grande de toda la tierra se rompieron no sólo en materia de asistencia, sino también en conexiones concurrentes en Internet: 55 mil hasta las 16:00 horas, sin contar aquellas que se fueron añadiendo en el desarrollo del servicio de adoración más solemne del año, el cual fue presenciado en cerca de 100 países de los cinco continentes.

El ambiente fue de fiesta de principio a fin en Hermosa Provincia, Bethel y Maestro Aarón Joaquín, en donde cientos de miles de hombres y mujeres de distinta nacionalidad, lengua, color de piel y pertenencia étnica, esperaban el momento cumbre del evento: la oración de misericordia que en favor de todos ellos elevaría el apóstol de Jesucristo.

Para los medios de comunicación que cubrieron el evento, el gran ausente de la festividad fue el apóstol Naasón Joaquín García, no así para la totalidad de los convocados a la Cena del Señor, quienes escucharon que el ungido de Dios les dijo mediante una carta leída por el hermano Adoraim Joaquín Zamora: “Hoy la distancia no existe. Hoy las paredes y los barrotes se desvanecen. Hoy puedo contemplar vuestro rostro, y yo me veo junto a vosotros. Sólo cierro mis ojos materiales y puedo veros a todos llenos de fervor espiritual”.

Desde antes que se leyera la carta apostólica, la multitud presente sabía que el apóstol de Jesucristo no estaba ausente, sino presente. La mayoría tenía en mente las santas cenas que se han realizado en diversas partes del mundo sin la presencia física del apóstol de Jesucristo, en las cuales la bendición apostólica ha hecho acto de presencia a través de los pastores que el varón de Dios ha enviado con su honrosa representación.

En la epístola apostólica, leída con fervor momentos antes de la oración eficaz de intercesión, el apóstol de Jesucristo reiteró: “Sí, aquí estoy, a vuestro lado”. Esta expresión encendió de manera indescriptible el gozo de la multitud, y estremeció los cimientos del majestuoso templo sede internacional de la Iglesia La Luz del Mundo, testigo mudo del estallido de alegría que tuvo lugar en ese momento.

Regocijo similar experimentó la Iglesia cuando el apóstol de Dios expresó con amor paternal a sus hijos: “En este momento, desde mis prisiones levantó mis manos al Señor, para pedir misericordia, para rogar compasión, porque sé que nuestras faltas son muchas: Señor, tu Iglesia espera en tu gracia poderosa. Dios todopoderoso, tú has dicho que estemos a cuentas, si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos, si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Ve nuestro pecado Señor, ve nuestra alma necesitada. Toma tu poder, toma tu misericordia, limpia cada alma, limpia cada corazón”.

Esta oración de poder convenció y conmovió al Creador del universo, y por ella fueron dignificados todos y cada uno de los invitados a las Bodas del Cordero, quienes recibieron con alegría el pan ázimo y el vino no fermentado, elementos que fueron bendecidos con autoridad apostólica, tal como lo expresó en su intervención el pastor obispo Gilberto García Granados.

Tras participar con espiritualidad y devoción del cuerpo y de la sangre de Cristo, representados en la conmemoración por el pan y el vino bendecidos por el apóstol de Dios, los fieles de la Iglesia han renovado una vez más sus fuerzas para proseguir su peregrinar de fe hacia la vida eterna.

Todos ellos regresarán a sus lugares de origen con pureza de vida, ya que el hombre con autoridad le ha pedido a Dios, su amigo, que, en lugar de pecado, derrame sobre los corazones pureza y santidad, que en vez de maldad haya bondad y amor, que los peores sentimientos sean suplantados por la compasión y misericordia de Dios.

Twitter: @armayacastro

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